23/6/16

Xª VARADERO...¡Y MAS!



Cuando oyes hablar de algo con insistencia, llegas a hacerte una idea de lo que te espera cuando por fin puedes comprobarlo tu mismo. Este es el caso de la reunión anual de el Club Varadero España. Mi amigo Kike siempre habla de esa reunión de forma que apetecía ir a conocerla. Casi ocurrió el año pasado, pero tan solo por una semana no pudo ser. No encontré una Varadero que se ajustara a mi escaso presupuesto y que estuviera en buenas condiciones. Pero la halle. Y este año,  casi por sorpresa, pude apuntarme a tiempo para acudir al que iba a ser el X Encuentro del CVE. Cuando Kike me apunto, fue tan precipitado, que apenas tuve tiempo de hacer un esquema del viaje. Estaba metido en otros temas y no me puse a pensar en ello hasta una semana antes. Rápidamente, cambie las gomas y puse a punto a “la peque” para salir hacia Almería el día 16 de Junio. En principio tenía pensado viajar hacia Burgos, pero el destino quiso que las circunstancias cambiaran y puse la mirada en la sierra de Madrid. La sierra norte, para ser más exactos. Más de 30 años viviendo en la sierra noroeste y la mencionada ruta de los Castillos y las Atalayas, me era bastante desconocida. Es lo que ocurre cuando, como dice una amiga mía, “sueñas lejos”. Te vas a conocer los caminos más alejados de tu casa, y los que tienes al lado apenas los recorres.

Hecha pues la maleta y con la misma  ilusión de la primera vez, a las 8´00 AM salía del garaje para rodar apenas un kilómetro hasta la gasolinera donde quería llenar por primera vez el deposito de la Vara. Un orballo persistente me hizo dudar si ponerme o no los plásticos para un primer momento. Creí que iba a ser cosa de una nube, pero una vez más, y como casi siempre con el tiempo, me equivoque. Pude llegar hasta Campomanes. Allí, en el Ave, descubrí que el agua me llegaba hasta lo más profundo de mi anatomía…¡ Calado hasta los huesos! Decidí entonces esperar un rato hasta que se me secara un poco la ropa que después iba a cubrir con el traje de agua, y charlando con el posadero se me paso una horita larga. Pero ya seco y con la preparación adecuada para recibir lo que fuera, rodé los primeros kilómetros hacia el puerto de Pajares. ¡Será un rato me decían por wasap!, pero no paraba de llover. Atento a cada curva, pero pensando en mis cosas, fueron pasando los kilómetros hasta llegar a Tordesillas. Recuerdos de tiempo pasados vinieron a mi encuentro mientras atravesaba la ciudad a la que Alfonso X El sabio le concedió el Fuero Real en 1262. Apenas 15 minutos para tomar un café y sacudir el agua de los plásticos y le dije adiós a la ciudad del escudo coronado.
Mi ruta cambio en ese momento, ya que la lluvia no me permitía disfrutar de los pueblos castellanos tal y como era mi intención. De modo que baje por la nacional hasta Adanero, donde de nuevo paré un rato para dejar descansar a La Modelo y a mis nalgas, que ya empezaban a quejarse. La falta de practica es lo que tiene. La ruta desde Adanero hasta Guadarrama me es bastante conocida. Es el camino habitual cada vez que decido ir a Madrid. Pero en Guadarrama giré para coger la ruta de los castillos que pasa por el monumental de manzanares. Una pena la lluvia, porque si la carretera merece la pena por la belleza de sus pueblos, los pantanos, castillos y atalayas que nos salen al paso, en días despejados resultan hechizantes.. Entre Torrelaguna y El Casar, comenzó a despejarse al cielo, y el calor propio de esta época se notaba en las carreteras. Mis gomas nuevas no encontraron dificultad alguna en terreno mojado, por lo que espera un mejor comportamiento cuando secara el asfalto. Y sin darme cuenta, llegue a Guadalajara. Situada entre las comarcas de la Alcarria y la campiña del Henares, esta capital de la provincia homónima, me recibió ya con el sol limpio de nubes, por lo que mientras descansábamos mi montura y yo, pude quitarme la ropa de agua y dejarla secar antes de continuar la marcha.
 Tenía tiempo, por lo que saque mi GPS particular, un mapa de España desplegable, con el que siempre me gusta viajar, para elegir una ruta alternativa a la N-420, que te lleva directa a la ciudad encantada. Un poco antes de Alcocer, tome la decisión de girar hacia Gascueña por una CM que me llevaría a descubrir la belleza del interior de esta comunidad. Pueblos como Villalba del Rey, Tinajas, o Villar del Sanz, contribuyeron a dejarme con la boca abierta. Poco a poco fui acercándome a la nacional para reaparecer al mundo en Chilaron de Cuenca, apenas unos Km. antes de la ciudad en la que me iba a encontrar con el equipo KR Cantabria. Un poco cansado, pero sin duda feliz, camine por la recepción del Hotel Torremangana mientras el recepcionista me miraba de una forma que luego supe que era envidia, pues, también motero, lo que le apetecía era lo que yo había hecho. Mientras charlábamos y hacíamos el registro, fui relajándome pensando ya en la ducha y una copa en el bar donde tenía que esperar la llegada de Kike y Ana. Y tan relajado quede, que al mover la moto para encarar el parking, por cierto, carísimo para estar en Cuenca, “la peque” decidió tirarse a descansar sin previo aviso. A punto estuvo de costarme un disgusto, pero a la postre, solo salió perjudicada la tulipa de un intermitente. Nada digno de recordar…
Solo me apetecía beber cola fría. Y ya duchadito y preparado para la noche conquense, disfrutaba del relax cuando a las puertas del hotel, apareció una Varadero azulona, la nueva adquisición de Kike, tan majestuosa como la vi la primera vez. Tras la cortesías de rigor, decidimos dar una vuelta para comer algo antes de caer en la cama, y aterrizamos en una taberna flamenca donde lo cierto es que comimos muy bien a base de pinchos y cerveza o vino. Un buen final para la jornada perfecta.

Lo del viernes iba a ser otro cantar. Kike, gran navegador, tomo el mando con las ideas claras y la vista puesta en Ayna. Este sería mi mayor descubrimiento. La llamada Suiza Manchega, me proporciono increíbles momentos mientras nos deslizábamos por las impresionantes curvas que dan paso a la población conocida por acoger el rodaje de “Amanece que no es poco”. 





Elche de la Sierra, Socovos, Tazona, fueron algunos de los pueblos que atravesamos. Y si había otra ruta, menos transitada y más espectacular, Kike la tomaba para que, a buen ritmo, siguiéramos disfrutando del paisaje que nos rodeaba. Rodamos tranquilos fuera del habitual caos circulatorio de las carreteras con mayor transito. Y llegamos a Puerto Lumbreras. Alli Kike tenía que hacer una visita de negocio, y allí  fuimos conscientes por primera vez del calor que nos esperaba en Almería. Tras comer un poco, y con ganas de llegar al Toyo, donde se encontraba el hotel de la reunión, decidimos terminar por la autopista. Las ganas de un baño en su espectacular piscina pudieron con nosotros. Acostumbrados a la temperatura del norte, aquel infierno solo podríamos combatirlo sumergiendo el “cuerpoescombro” en agua hasta el cuello. Y así lo hice durante lo que me pareció uno de los ratos más agradables que he pasado últimamente.

En la piscina conocí a algunos de los veteranos del CVE, a quienes Kike saludaba con franca camaradería. Pero la noche ibicenca nos esperaba, por lo que tuvimos que posponer la charla para vestirnos de blanco, condición que los organizadores pusieron para acceder a la barbacoa cerca de la playa. Entre risas, copas y gente nueva para mi, alcancé mi hora de dormir. Estaba realmente cansado y no quería molestar a quienes sin duda pretendían pasar unas horas divertidas. Y se de buena tinta que así lo hicieron. Pero se cerraban mis ojos y el cuerpo pedía descanso. ¡Buenas noches y hasta mañana!

Dormí de un tirón, pero como es mi costumbre, a las 7,30 estaba despierto. El cielo, sin una nube que lo ocultara, parecía pintado por el mejor de los artistas. ¡Que gran día nos esperaba! Un desayuno a base de café y fruta y listo para salir al mundo. Nos llevaron hasta el Faro de Cabo de Gata, un espectacular paraje donde se iba a hacer la foto de grupo.

El resto de la mañana trascurrió entre la fabrica de cerveza Alboran, y la playa de los muertos, una de las más bonitas de nuestro país. Fueron horas de rodar por entre paisajes semidesérticos, que me hicieron enmudecer, por lo distinto de mi tierra, y por su abrumadora belleza. Un buen día que iba a terminar con una comida en el centro de uno de esos pueblos almerienses de calles estrechas y cuestas imposibles. Una comida en la que pude conocer un poco más a otros miembros del CVE. Y con el sueño metido en el cuerpo, se produjo la estampida hacia el hotel. Unos por la autopista, otros por carreteras de curvas increíbles. Pero al final, el mismo destino. ¡La piscina! Y allí  nos encontramos de nuevo hasta que llego la hora de la cena. Un rápido buffet y a la sala de sorteos…Vimos un video hecho a proposito del X aniversario, editado por una persona que no pudo acudir. Un video estupendo en el que se resumen los 10 años de este club. 

El tradicional sorteo mientras tomábamos algunas copas, transcurrió sin incidencias, tan solo mencionar el hecho de que tan solo dos personas quedaron sin regalo.¿Sabéis quien fue una de ellas? La organización se portó ya que al final me vine a casa con una elegante taza del club, que salio del marketing que llevaron a la reunión.
Fue un encuentro diferente, y conocí gente estupenda que se preocupo de que no estuviera solo entre extraños. Buena conversación y en general muy buena organización. Personas como Porra o Sasha, Angelete, Jaume, y muchos otros de los que, me vais a perdonar, pero no recuerdo en nombre, se portaron de lujo con este novato. Sin duda volveré con ellos otra vez, puede que el año que viene, ya que se celebrará en Cantabria.
¡Y a la cama relativamente pronto! Quería salir temprano para rodar la mayor cantidad de tiempo posible sin el agobio de las altas temperaturas. La idea original, por circunstancias producto de la improvisación,(¡como me gusta!), se cambio, por lo que en lugar de ir a Cáceres, mi destino acabo siendo Ciudad Real. O lo que yo pensé que iba a ser mi destino para ese día. Después se vería que los planes están hechos para ser cambiados…


En mi particular GPS, terminé marcando una ruta hacia Guadix, donde llegue bastante pronto y sin demasiado calor. Las carreteras que me iba encontrando me llevaban de un lado para otro, pero con tal de evitar las carreteras mas transitadas, añadí varios kilómetros de más disfrutando cada uno de ellos con la intensidad de quien hacía tiempo estaba necesitado de este tipo de terapia. De Guadix a Torredonjimeno y de allí a Montoro, descubrí que rodar en solitario sigue siendo una de mis pasiones. La vida que pasa minuto a minuto mientras doy gas a mi pequeña, es vida vivida. Y no hay nada como ese tiempo de vida. Pensar en aquello que te hace feliz y casi llorar mientras recorres España de punta a punta es algo que recomiendo. ¡Pero ojo gente! Rodar en solitario puede resultar peligroso. En mi caso, cada pueblo que veía señalizado, se convirtió en un destino inevitable, y los kilómetros se acumulaban en el parcial de la Varadero. Por cierto, durante el tiempo en el que atravesé la Sierra Madrona, desde Montoro a Ciudad Real, mi compañera cumplió los 100.000 km. ¡Y como suena!


A las 17´00 llegue a la quijotesca capital de la provincia situada en la comarca de Campo de Calatrava. Esperaba tener habitación reservada y quitarme la ropa de viaje para reunirme con algunos compañeros y celebrar la vida. ¡Pero no! Allí me esperaban sobre sus monturas porque la celebración era en Avila. Ellos también querían rodar y tomaron la ruta larga para encontrase con este solitario viajero. Porzuna, Ventas con Peñaguilera o Puebla de Montalbán, evocando épocas pasadas, quedaron atrás mientras nuestro guía sonreía al vernos felices. Agotado, pero con el convencimiento de que no habría cambiado nada de lo que viví ese día. Llegamos al hotel seleccionado. 



En la misma muralla, un alojamiento decente y justo frente al lugar en el que íbamos a celebrar la inauguración de un local. ¡La ducha me sentó de lujo! Y una buena cena típica de la Ciudad de los Caballeros, preparó el cuerpo para lo que iba a venir. Recuerdo que un amable funcionario, cargado de paciencia, nos recriminaba el hecho de que intentáramos defender las murallas de los invasores. Espada en ristre aleccionábamos a las imaginarias tropas mientras creímos estar en pleno siglo VIII, cuando el rey Asturiano Alfonso I, aprovechando las revueltas beréberes del centro de la península toma la ciudad para llevar a sus pobladores a Asturias. Y eso es lo último que recuerdo. Amanecí agotado a las 7 de la mañana. A punto para desayunar con la tropa y despedirnos. Su destino Cáceres. El mío, León. Tenía la intención de visitar a ciertas compañeras de ruta que recientemente organizaron Fronterizas 2016. Siempre resulta agradable visitar a los amigos y la ruta que tenía en mente iba a ser un paseo por la historia.
El paso por Olmedo me hizo recordar la tragicomedia de Lope, nacida del mito de aquel caballero llamado Miguel Ruiz, quien mato de forma alevosa a Juan de Vivero, vecinos ambos de la ciudad de Olmedo. Historia de venganzas y espadas que sacaron una sonrisa por entre la pantalla de mi casco, recordando las gestas de la noche pasada ante la muralla de Ávila. Recorrido caballeresco y vallisoletano que disfrute como hacía tiempo que no disfrutaba. Olmedo, Medina del Campo, Tordesillas y León, donde llegue poco antes de la hora de comer. Era casi el punto final de un viaje de algo más de 2700 Km, que ha sido sin duda, el mejor de los últimos 6 años.

Tras disfrutar de la compañía de mis patitas en León, pude llegar a casa para descansar, y sorprendentemente, tal vez producto de la felicidad que me embargaba, no estaba tan agotado como cabría esperar. Tarde mucho en dormir, los acontecimientos del viaje me dieron que pensar. Incluso me atreví a hacer un poema Alejandrino

“Van rugiendo los motores de las Varadero
pasando vivas los pueblos de nuestra Almería
siguen sin pausa y sin prisa al que va el primero
destinos distintos y diferente alegría”

Algún día lo terminaré. Por el momento me conformo con recordar el viaje por si no puedo repetirlo

Hay muchas imágenes para recordar. Aqui os dejo algunas 





























1 comentario:

Ana Abreu Santos dijo...

Que relato tan bonito Luis. Me ha encantado. Ese verso es genial, jajaja. Espero de verdad que te haya gustado mucho y el próximo año sigas con tu varadero y puedas repetir. Un besote muy grande.