He
perdido muchos amigos en el camino. Unos por causas naturales, si es
que es natural morirse a los 35 de un infarto durante un partido de
tenis. Otros por accidentes estúpidos, y algunos, son ya diez, por
culpa de una pasión. Quienes habitualmente usamos, o usábamos ( la
cosa esta muy cortita ) la moto, sabemos bien lo que es perder un
amigo en la carretera. Y siempre me preguntan lo mismo. ¿No te da
miedo volver a rodar y perder la vida sobre una moto? ...¡Pues no!
Si hay que morir, que morir se muere uno seguro, ¿no es mejor
hacerlo mientras disfrutas de tu pasión? No es mala muerte esa. Pero
si que ocurre algo después de perder un compañero, hayas o no
rodado con el. Te das cuenta al montar la moto por primera vez tras
el funeral. Es una sensación que te mantiene alerta, como si hubiera
una presencia a tu lado, vigilante. Y yo creo que es el alma de todos
los moteros fallecidos que viajan contigo, y que a cada instante, te
hacen ser más prudente y agudizan tus reflejos para intentar evitar
que te reúnas con ellos antes de tiempo. Pero el tiempo no pasa en
balde. Me voy haciendo más viejo, los reflejos no son los mismos que
cuando tenía 20 años. La vista..., bueno, supongo que mi afición a
los libros pasa factura. Pero hay algo que permanece igual,
exactamente igual que cuando monte mi primera Cota 25 allá por...,
¡joder!..., hace mucho...Y es la ilusión. A mis 53 castañas,
cuando se acerca el momento de rodar con mi Vieja Dama, me pongo tan
nervioso como un chaval. Y los primeros kilómetros, mientras me hago
a las gomas, al asfalto y a mi propio estado de ánimo, llevo puesta
una sonrisa que sorprende a quienes se cruzan conmigo por cualquier
paraje de mi tierra. En alguna ocasión he llorado mientras rodaba.
Lloro por tener la suerte de disfrutar de algo tan emocionante. Por
quienes no han conocido esta vida de motero, por los que me llaman
loco cuando cruzo la meseta bajo una intensa lluvia, camino de
cualquier lugar. Lloro por los que ya no pueden disfrutar conmigo. A
pesar de llevar a mi lado muchas almas vigilantes, sigo montando, sigo
llorando, sigo viviendo. He perdido muchos amigos, pero algún día
me reuniré con ellos para exagerar sobre alguna curva, para beber
una cerveza y rodar de nuevo juntos toda una eternidad. ¡No me
parece un mal plan!
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